Carta de un condenado a muerte escrita en la prisión de Jaén

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Carta de un condenado a muerte escrita en la prisión de Jaén

Donada por Manuel del Valle Arévalo

Prisión Provincial. Jaén, 4 febrero 1941. =En capilla=

Mi queridísima e inolvidable Carmen. Hoy te escribo a mi llegada a ésta y supongo en tu poder dos tarjetas, una que te escribí desde la prisión de Burgos y otra en la estación, donde te daba cuenta de mi salida para ésta. Llegó la hora que tanto temíamos los dos, que únicamente lamento que esta gentuza no lo hubiera hecho antes para haberte evitado tanto sufrimiento como has padecido en estos dos últimos años, porque estaba convencido que yo no tenía salvación, porque un socialista honrado no puede convivir con esta canalla, y han tenido que recurrir a todo lo que tú personalmente presenciaste el día que fui juzgado para justificar este crimen que comenten. Sé que tú estás convencida de que doy mi vida por defender un ideal noble que aspira a la transformación de esta sociedad tan injusta y que defendía con más ardor por el bienestar de nuestros hijos, pero la fa- talidad no ha querido que yo lo vea, pero estoy convencido que la lucha que hay entablada en el mundo pronto terminará con nuestro triunfo y disfrutarás del sacrificio nuestro y de tantos como están cayendo por la causa de la libertad. No pierdo de vista que es mucho lo que me quieres para que estas palabras te sirvan de paliativo a esta desgracia, pero tienes que imponerte y pensar que a mi no me puedes sal- var y que tienes cuatro hijas a quien tienes que educar y velar por ellas. Te podrás figurar como estaré ya que llevo con hoy nueve días en capilla, pensando nada más que en ti y en nuestras queridas hijas, pero sino fuera por ti estaría tranquilo, porque me fusilan por ser Socialista, nada más que por eso, y es hasta cierto punto una honra morir por un ideal como yo lo voy a hacer, y tanto tú como ellas podéis ostentar con la cabeza bien alta este título de ser la familia de un mártir de la libertad.

Ya sabes quien son los culpables unos directos y otros indirectos de que me quiten de tu lado para siempre, tanto los de la Estación como los de Benalux, y de todo aquel que contigo se haya portado mal, no lo olvides nunca y cumple este mandato mío que es mi última voluntad. A tus padres como a los míos, les pido que no te abandonen mientras tanto llega el hundimiento de esta canalla criminal que está dando los últimos estirones, que luego no te faltará nada porque todo lo he dejado bien preparado. A Miguel Mesa le dejo tu foto y las de las niñas con el carnet ferroviario, el maletín, la ropa, dos mantas, la almohada, la cazadora y el abrigo para que vengas a recogerlo, significándote que se ha portado muy bien conmigo en estos últimos momentos. En el maletín va todo lo que yo tenía en mi poder y los pantalones de lana, para que los conserves como recuerdo de todo lo que me ha servido hasta el último momento de mi vida. Me voy satisfecho por tu comportamiento que no has regateado esfuerzo para que no me faltara nada, que si no hubiera sido por ti hubiera muerto de hambre, que es lo que da el Fascismo, de forma que puedes vivir tranquila, que todo lo que has hecho jamás lo he olvidado. Quisiera decirte muchas cosas más pero no puedo seguir escribiendo, lo único que te pido es perdón por si alguna vez te ofendí en algo y por los sufrimientos que has padecido y te quedan por pasar, pero paciencia y no pierdas el valor para luchar con tanta adversidad. Abraza a toda la familia en mi nombre, besa mucho a nuestras hijas y no dejes de recordarles siempre a su padre y tú recibes el último beso y abrazo del que siempre te quiso con locura y no te olvidó ni un momento.

 

Tu Luis.